Hotel Pedernales I Pedernales's hotel

El cliente, un escritor ecuatoriano, llegó al taller con una encomienda: diseñar y construir su casa en el cráter del volcán Pululahua. Para lograrlo, nos dejó una acuarela que interpretaba un escenario del teatro italiano, nos pidió que leyéramos un par de sus novelas y nos dejó de tarea ver una película húngara llamada “El Caballo de Turín”. Finalmente, convenimos en juntarnos con una propuesta al cabo de seis meses. Como resultado, tradujimos estos referentes en una casa que se dividió fundamentalmente en dos partes. La primera, configurada por la sala, el comedor y la cocina. Estos serían los espacios públicos, que hacen alusión al escenario del teatro italiano. La segunda, parte distribuye dos dormitorios, un estudio, una biblioteca y un baño para permitir el recogimiento del escritor en sus espacios de lectura y soledad. Actualmente, el proyecto se implanta rehundido en una pendiente ladera del cráter y abierto a las vistas lejanas del atardecer de los cerros Chivo y Pondoña. Sobre un zócalo, muro de contención posterior y losa de hormigón, se levantó una estructura ligera: arriostrada de listones de madera. Esta, se recubrió con duela reciclada de pino rojo. Los muros se rellenaron al interior con tierra apisonada, compactada y paca de heno. Denominamos este sistema de muros sismo resistentes de doce centímetros de grosor: micro tapial con encofrado perdido. Sobre este sistema se asientan vigas y tensores de cables. Encima de estos, una cubierta ligera de tríplex reciclada y resina asfáltica. Finalmente, se pulió la madera y se la selló para protegerla de la intemperie.  Al estar lejos el proyecto, la distancia se convirtió en un desafío que prolongó la obra más de dos años.  Las noches de campamento bajo las estrellas valieron la pena.

El cliente, un escritor ecuatoriano, llegó al taller con una encomienda: diseñar y construir su casa en el cráter del volcán Pululahua. Para lograrlo, nos dejó una acuarela que interpretaba un escenario del teatro italiano, nos pidió que leyéramos un par de sus novelas y nos dejó de tarea ver una película húngara llamada “El Caballo de Turín”. Finalmente, convenimos en juntarnos con una propuesta al cabo de seis meses. Como resultado, tradujimos estos referentes en una casa que se dividió fundamentalmente en dos partes. La primera, configurada por la sala, el comedor y la cocina. Estos serían los espacios públicos, que hacen alusión al escenario del teatro italiano. La segunda, parte distribuye dos dormitorios, un estudio, una biblioteca y un baño para permitir el recogimiento del escritor en sus espacios de lectura y soledad. Actualmente, el proyecto se implanta rehundido en una pendiente ladera del cráter y abierto a las vistas lejanas del atardecer de los cerros Chivo y Pondoña. Sobre un zócalo, muro de contención posterior y losa de hormigón, se levantó una estructura ligera: arriostrada de listones de madera. Esta, se recubrió con duela reciclada de pino rojo. Los muros se rellenaron al interior con tierra apisonada, compactada y paca de heno. Denominamos este sistema de muros sismo resistentes de doce centímetros de grosor: micro tapial con encofrado perdido. Sobre este sistema se asientan vigas y tensores de cables. Encima de estos, una cubierta ligera de tríplex reciclada y resina asfáltica. Finalmente, se pulió la madera y se la selló para protegerla de la intemperie.  Al estar lejos el proyecto, la distancia se convirtió en un desafío que prolongó la obra más de dos años.  Las noches de campamento bajo las estrellas valieron la pena.

Reinterpretando la Cabaña